Preparación: la base de todo pulido
El coche debe estar lavado y descontaminado antes de pulir: cualquier grano de arena que quede sobre la pintura se convierte en una nueva raya al pasar la pulidora. Lava a fondo, usa una barra de arcilla para eliminar la contaminación incrustada y seca por completo el vehículo.
Trabaja en un lugar con sombra y a la sombra del sol: el calor acelera el secado de los compuestos y dificulta el control del resultado. Protege con cinta de carrocero los plásticos, molduras, emblemas y juntas de goma para que no queden marcados por el pulido.
El proceso de pulido
Aplica el compuesto de pulido en la almohadilla, trabaja por paneles pequeños (un capó partido en dos o tres zonas), con movimientos lentos y solapados, y retira el residuo con una microfibras limpias antes de pasar al siguiente panel. La pulidora orbital aleatoria es la opción más segura para aficionados: corrige sin generar hologramas.
Se pulen capas de pintura, que son finitas: cada pulido elimina unas micras de espesor. Por eso se debe empezar siempre con el compuesto menos agresivo que resuelva el problema y reservar los cortes fuertes para marcas profundas. Si después del pulido se va a aplicar un tratamiento cerámico, la superficie debe quedar perfectamente limpia de residuos.
Cuándo dejarlo en manos de un profesional
Si la pintura está muy degradada (arañazos que se notan con la uña, zonas donde se ve la imprimación), si el coche tiene varias capas de pintura o si nunca has pulido, un profesional con medidor de espesores puede decidir con datos cuánto se puede corregir con seguridad. Pulir demasiado en un punto deja la chapa al descubierto.
El pulido profesional también tiene sentido en coches de valor o antes de una venta: el resultado con cabina, iluminación adecuada y máquinas rotativas de calidad supera lo que se consigue en casa, y el coste se justifica si se busca un acabado de exposición.
Pasos del pulido en casa
Lavado a fondo y barra de arcilla para eliminar partículas.
Cinta de carrocero en molduras, emblemas y gomas.
Empieza por el menos agresivo y sube solo si es necesario.
Movimientos lentos, solapados y sin presionar en exceso.
Microfibra limpia entre panel y panel.
Cera o tratamiento cerámico para fijar el brillo.